septiembre 06, 2012

No pasan los años por ti

Ya dos, y parece que fue ayer… 

Otra vez vuelve la habitación con vistas a la catedral y tu poquita vida y tu silueta y mi angustia. Vuelve la noche. Y tras la noche, la mañana más oscura.

Dicen que cuando realmente se quiere a alguien lo único que nos debe importar es su felicidad, a pesar de que no sea a nuestro lado. Y eso es lo que más deseo… ya que no puedo tenerte conmigo, que seas feliz, muy feliz, allá donde quiera que estés.
Pero no dejes de mirar nunca hacia abajo, porque aquí estamos, aquí estoy, con los ojos fijos en cada estrella, y quién sabe… quizás algún día nuestras miradas se crucen por un segundo y pueda decirte otra vez lo mucho que te quiero.
Y es que… mi corazón dice que los años no pasan por ti, mi niño.

abril 19, 2012

La razón

Decirte a estas alturas del viaje que te quiero, no sobra. Decirte que recuerdo la razón por la que te amaba... es decirte que esa razon es presente y futuro. Decirte a estas alturas de la noche, cuando estás posiblemente dormido, que se ha puesto a llover en paz en esta ciudad sin guerra, quizá sobre decirlo aquí, pero... atiende desde tu sueño... Esto te digo: te quiero. No sabría decirlo de otro modo, no quiero hoy buscar metáforas o estrategias poéticas.


Simplemente te quiero...

abril 17, 2012

Mañana

Míralo de otro modo mejor. Ahora que estamos en el café de siempre... la ciudad se deja caer en una tarde, que después de un día de tormenta, intenta iluminarnos con un débil sol de finales de agosto.



Míralo de otra forma. Solos tú y yo, caminando, fumando cigarros que saben más allá del humo.

Míralo de otra forma, sí. Ya viene septiembre, el olor a madera y el calor del fuego... y más allá está la vida, algo por descubrir. El tiempo nos aguarda y mañana el sol será nuevo.

abril 11, 2012

Por fin noticias

Hueles a café, dice… Ese café que tanto te gusta y que ya no podías tomar. Yo, sin embargo, recuerdo otro olor en ti. El olor de la seguridad, del cariño, del perdón, de la risa. El olor que me envolvía cada vez que entraba en casa. El olor que sigue estando pero que ya no tiene el mismo aroma. Ahora el olor es recuerdo y el recuerdo es dolor y el dolor es tristeza.

Te he enviado tantas cartas que no han tenido respuesta y…  ahora por fin sé algo de ti. Sé que quieres verme feliz. Que mire esas fotos y sonría acordándome de todos esos buenos momentos, los mejores de mi vida. Que sigo siendo tu niña. Y yo te digo que… necesito que me abraces, sólo una vez… sólo una más. Que necesito decirte lo mucho que te quiero, sólo una vez más. Que necesito besarte otra vez y ver tu sonrisa. Sólo una vez y te prometo que no dejaré de sonreír jamás.

septiembre 07, 2011

Un año

Esta noche no quiero dormir. Quiero recordar tu silueta en aquella penumbra teñida de blanco. Tu respiración, pausada, profunda y fuerte me decía que aún estabas ahí, que cuando amaneciera sería otro día y que quizás… ese día no fuera el último. Pero lo fue.

Toda la noche sentí ese frío que se siente cuando no hace frío. Ese que te recorre por dentro y te congela hasta la esperanza.

Cerré tus ojos que miraban fijamente la catedral, te besé y deseé más que nada en el mundo irme contigo.
Me despedí de ti con un te quiero, nunca con un adiós. Porque no te has ido, no puedes haberte ido para siempre. Te sigo esperando cada segundo y cada segundo te quiero más.

marzo 19, 2011

A franquear en destino

Te he llamado una vez más, pero me sigue saliendo ese molesto tono de línea inexistente. Llamo sabiendo que no voy a escuchar tu voz al otro lado, pero da igual, yo llamo, y hablo… y aunque tú no respondas yo sé de sobra cuales serían tus palabras y cómo sería tu risa.
Por más que busco no te encuentro, no sé dónde te has metido. Me dicen que no hay manera de hablar ya contigo, que no volverás. Yo digo que eso no es cierto. Te echo de menos. Necesito tenerte cerca, como antes. Te sigo esperando en el bar, como siempre, pero llega la hora y no vienes. Subo a casa, porque puede que ya hayas llegado, pero no estás. Y me asomo a la terraza, pero no te veo cruzar la calle. La llave gira en la cerradura, pero no eres tú.
Te has ido, sí, pero yo te sigo esperando. Porque aún tengo muchas cosas que contarte y muchas cosas que reír contigo.
Yo no sé si te va a llegar mi carta, porque me dicen que no existe el lugar donde te has ido en su lista de reparto. 
Te cuento un poco como van las cosas por aquí, sin ti. Ahora estamos mal, pero ella es fuerte, más de lo que todos pensábamos. Sigue ahí, al pie del cañón, con una tristeza enorme, pero sin abandonar del todo su día a día. Te quiere mucho. No me lo dice, pero seguro que a ti sí. Escúchala y ayúdala a salir adelante, y quiérela como siempre lo has hecho. Porque la has hecho muy feliz, a ella y a todos.
Quizás nunca había pensado en ello, pero ahora me doy cuenta de lo hermoso que era todo cuando estabas aquí. Tus enfados, tus risas, tu sentido del humor, ese carácter por el que más de una vez me enfadé contigo, tus consejos, tus rarezas…
Todo eso, sin saberlo, ocupaba tanto espacio en mí que ahora…  
Con tus mil defectos y con tus mil virtudes, no podría haber pasado mis casi 42 años con nadie mejor que tú.
Feliz día, mi niño.