Esta noche no quiero dormir. Quiero recordar tu silueta en aquella penumbra teñida de blanco. Tu respiración, pausada, profunda y fuerte me decía que aún estabas ahí, que cuando amaneciera sería otro día y que quizás… ese día no fuera el último. Pero lo fue.
Toda la noche sentí ese frío que se siente cuando no hace frío. Ese que te recorre por dentro y te congela hasta la esperanza.
Cerré tus ojos que miraban fijamente la catedral, te besé y deseé más que nada en el mundo irme contigo.
Me despedí de ti con un te quiero, nunca con un adiós. Porque no te has ido, no puedes haberte ido para siempre. Te sigo esperando cada segundo y cada segundo te quiero más.
