septiembre 07, 2011

Un año

Esta noche no quiero dormir. Quiero recordar tu silueta en aquella penumbra teñida de blanco. Tu respiración, pausada, profunda y fuerte me decía que aún estabas ahí, que cuando amaneciera sería otro día y que quizás… ese día no fuera el último. Pero lo fue.

Toda la noche sentí ese frío que se siente cuando no hace frío. Ese que te recorre por dentro y te congela hasta la esperanza.

Cerré tus ojos que miraban fijamente la catedral, te besé y deseé más que nada en el mundo irme contigo.
Me despedí de ti con un te quiero, nunca con un adiós. Porque no te has ido, no puedes haberte ido para siempre. Te sigo esperando cada segundo y cada segundo te quiero más.

marzo 19, 2011

A franquear en destino

Te he llamado una vez más, pero me sigue saliendo ese molesto tono de línea inexistente. Llamo sabiendo que no voy a escuchar tu voz al otro lado, pero da igual, yo llamo, y hablo… y aunque tú no respondas yo sé de sobra cuales serían tus palabras y cómo sería tu risa.
Por más que busco no te encuentro, no sé dónde te has metido. Me dicen que no hay manera de hablar ya contigo, que no volverás. Yo digo que eso no es cierto. Te echo de menos. Necesito tenerte cerca, como antes. Te sigo esperando en el bar, como siempre, pero llega la hora y no vienes. Subo a casa, porque puede que ya hayas llegado, pero no estás. Y me asomo a la terraza, pero no te veo cruzar la calle. La llave gira en la cerradura, pero no eres tú.
Te has ido, sí, pero yo te sigo esperando. Porque aún tengo muchas cosas que contarte y muchas cosas que reír contigo.
Yo no sé si te va a llegar mi carta, porque me dicen que no existe el lugar donde te has ido en su lista de reparto. 
Te cuento un poco como van las cosas por aquí, sin ti. Ahora estamos mal, pero ella es fuerte, más de lo que todos pensábamos. Sigue ahí, al pie del cañón, con una tristeza enorme, pero sin abandonar del todo su día a día. Te quiere mucho. No me lo dice, pero seguro que a ti sí. Escúchala y ayúdala a salir adelante, y quiérela como siempre lo has hecho. Porque la has hecho muy feliz, a ella y a todos.
Quizás nunca había pensado en ello, pero ahora me doy cuenta de lo hermoso que era todo cuando estabas aquí. Tus enfados, tus risas, tu sentido del humor, ese carácter por el que más de una vez me enfadé contigo, tus consejos, tus rarezas…
Todo eso, sin saberlo, ocupaba tanto espacio en mí que ahora…  
Con tus mil defectos y con tus mil virtudes, no podría haber pasado mis casi 42 años con nadie mejor que tú.
Feliz día, mi niño.

febrero 26, 2011

¿Me concedes este baile?

¿Bailamos?… un, dos, tres… un dos, tres… Cuántas veces me dijiste eso de que los tacones hacían más femenina a una mujer. Pues ya está, para ti… un hermoso vestido blanco y unos zapatos de tacón, solamente para ti. Un, dos, tres… un dos, tres… y miro tus ojos y veo los míos, y en tu nariz… la mía, y en esa sonrisa descubro mi sonrisa. 

Soy como tú, y te quiero. Y la música sigue sonando, y giramos una y otra vez. No hay nada que interrumpa mi sueño y el Danubio es más azul que nunca. Y yo te quiero más aún. Y sigo soñando despierta con ese momento que ya no podrá ser, pero lo seguiré soñando infinitamente porque esa es la única realidad que me hace respirar.

Te lo susurré muy bajito, pero no sé si me escuchabas. Te lo repito ahora… Te quiero, te quiero como nunca pensé que te quería.